Revista El Dolor 72 | Editorial

Editorial

Juan Pablo Miranda Olivares

Páginas 8-9
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La crisis sanitaria más grave y letal del último siglo, tanto en nuestro país como todo el mundo, aún nos tiene bajo amenaza. El dolor se ha instalado como un denominador común en diversos ámbitos de nuestra vida: enfermedad por el
coronavirus y otras que igualmente nos preocupan: cesantía y crisis económica, dis- tanciamiento social y confinamiento, centros de estudios cerrados y deserción escolar, inseguridad pública y delincuencia, conflictos dentro y fuera del hogar. Todo junto y  al mismo tiempo.

Cuando hay sobreexposición a algunas emociones, la capacidad de reacción humana se atenúa, se atempera, se modula. Podemos caer en la resignación que el padeci- miento es un destino inescapable para la humanidad. Por el contrario, no podemos normalizar el dolor, que tan presente y cercano ha estado en el curso de este año.

La situación de emergencia sanitaria y las medidas preventivas como la cuarentena, distanciamiento social, confinamiento de los mayores de 75 años y la saturación del sistema de salud han hecho que se retrase el diagnóstico y la terapéutica del dolor crónico, y que muchos pacientes hayan distanciado sus controles y/o abandonado sus tratamientos.

Esta es una realidad que los especialistas en dolor estamos viendo a  diario, porque  al levantarse algunas medidas de limitación de movimiento, los pacientes empiezan a retornar a sus controles, y nos encontramos con que el tiempo ha jugado en contra.  El sedentarismo obligado por las condiciones de riesgo de contagio han intensificado prevalencias, como el dolor lumbar crónico.

Los profesionales que manejamos el dolor y cuidados paliativos hemos tenido un trabajo intenso en este tiempo y será más demandante aún a futuro. De las intensas jornadas para atención a pacientes de COVID-19 y sus secuelas, los paliativistas y algólogos enfrentamos ahora una etapa de atención dedicada preferentemente a nues- tros pacientes habituales, sin que la pandemia haya terminado.

El ars medicus se hace ciencia cuando enfrenta el dolor como un desafío y no como un destino fatal. El dolor no es normal bajo ninguna circunstancia, por lo que siempre hay que buscar la causa y tomar las medidas necesarias para aliviarlo. La ciencia ba- sada en la evidencia es nuestra búsqueda permanente en procura de soluciones para mejorar la calidad de vida.

Se anuncia o se espera que el mundo ya no será el mismo, que será culturalmente más digital y socialmente más distante. Sin embargo, algo no cambiará: La medicina seguirá siendo la más humana de las ciencias y la más científica de las artes.

Retomando el camino, los nuevos tiempos nos llaman a estar actualizados y alertas  en beneficio de nuestros pacientes. En esta edición de El Dolor, presentamos intere- santes trabajos sobre diversos dolores, con alta tasa de cronicidad, como los dolores lumbares, por lesiones laborales o cirugías.
 

Dr. Juan Pablo Miranda Olivares, MD, MSc
Editor Responsable Revista El Dolor

 

 


versión impresa
ISSN 0717-1919

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